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Presentación del nuevo libro

El próximo lunes 21 de mayo a las 18:00h presentamos en el auditorio de CIVICAN este libro.

La escritora Sara Brun va a ejercer de maestra de ceremonias en un acto que seguro que no dejará indiferente a nadie.

La preventa ya está en marcha, así como la nueva web, sergiosaldana.es.

Ahí se puede leer distinta información, como dónde se puede adquirir.

En los próximos días iremos dando caña al tema, a ver si esto se anima…

SI NO TIENES NADA QUE CONTAR, NO ESCRIBAS

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Esto me lo dijo uno que considero que sabe de esto de blogs y redes sociales y demás. Como siempre, como nunca, no he hecho caso a esta máxima. Y más teniendo en cuenta que este blog nació como complemento al libro “Tengo trastorno bipolar. Desmitificaciones y anécdotas”.

También me he saltado las directrices sobre la periodicidad -he llegado a meter dos entradas en un día, que debe ser pecado, o casi- y no he utilizado un lenguaje estrictamente poco vulgar -que he jurado en arameo, quiero decir-.

Ha habido ocasiones en que mi estado de ánimo se reflejaba como en un espejo en las entradas. Generalmente ha sido al revés. He hecho el ejercicio de reírme de mí mismo y he utilizado el blog como un espejo convexo. Válido como terapia. Divertido como ejercicio. Recomendable en todos los casos.

Al final, ponerse a desbarrar de forma pública no deja de ser un modo de desnudarse. Así lo vengo haciendo. Ya, hay límites, no lo cuento todo. La razón es clara: si afecta a terceros, prefiero ser discreto. Aunque la narración pierda fuerza.

A veces me pongo estupendo y meto un relato, o una entrada más o menos ortodoxa que queda bien y que tiene un cierto reconocimiento y un cierto impacto en redes sociales. La crisis hace que ése sea el máximo beneficio que voy a obtener.

Empieza el invierno. Ya se puede dar prisa porque ha perdido mucho tiempo con temperaturas máximas y bochornos inoportunos. Ya se puede dar prisa porque necesito que me ponga el corazón en la nevera.

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¿LA MEDICACIÓN ENGORDA?

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No me da la gana de documentarme para responder con precisión. Si alguien sabe respuestas y razones que no empiecen por : “se cree que tal hormona…”, por favor, que lo añada en Comentarios, por ahí abajo.

De modo que hablaré de mis experiencias personales y de otras que personas más o menos psiquiatrizadas han querido compartir conmigo.

La respuesta es… no sé.

Una forma de atizarle a la ansiedad es comiendo. Yo me como la ansiedad. Me la ceno, para ser más certero. Si tengo tiempo, conforme voy echando alimentos al buche voy notando que una relajación se va apoderando de mí, que voy olvidando los malos rollos del día y que me van a intentar amargar al día siguiente. La clave está en empezar pronto a zampar. Así puedo estar mucho rato cenando y que no me den las once de la noche volviendo a poner cerco a la despensa, en plan juego de mesa.

¿Esta ansiedad se debe a la medicación? No puedo ser concluyente, señoría. Mi glotonería ha sido una constante frente a tratamientos farmacológicos variables. Mi madre es testigo. Por otro lado, esos distintos tratamientos me han hecho variar mis preferencias más hacia lo dulce que hacia lo salado. ¡¿Está usted de coña?! Puede ser, señoría, puede ser. Pero a los hechos me remito.

Leña al mono, señoría. Sigamos con la argumentación. Como sabrá, llevo desde abril sin fumar. Abandonar esta adorable y estilosa adicción me ha supuesto un terrible y sorprendente síndrome de abstinencia físico que no duró más de tres días y otro psíquico que… bueno. Sobran las palabras. Ansiedad. Ceno lo que pillo. Compro de todo. Puedo estar tres horas comiendo si no se me interrumpe y sin comerme al que me interrumpe. Véase, mi hijo. ¿Sustituyo con las laminurías, dulzainas y demás chucherías al tabaco de liar? Parece que sí. En casi 7 meses llevo engordados 12 kilos.

Acusado, ¿en este periodo de tiempo se han visto modificadas sus costumbres, no sólo alimenticias? Sí padre. Perdón, sí, señoría. Aquella depresión preprimaveral, los trombos, la ausencia de actividad física -paseos a parte, en fin-, el no fumar influyó mal que le pese, actividades mucho más aeróbicas, cambios en la medicación…

Ajá. Cambios en la medicación… Que no, tío, digo señoría. Que los cambios en las drogas que he tomado pueden ser una consecuencia de lo anterior. O debiera.

¿Puedo concluir que las drogas psicotrópicas engordan? No puedo. Te dejan tirado, te generan una ansiedad que -a mí al menos- te lleva a comer. Evitan que hagas el ejercicio que equilibraba tu metabolismo. A su vez, y esto pasa con frecuencia, comprobar que engordo genera más ansiedad que me quito comiendo y, en consecuencia, engordando más. Pero en sí mismas…

Entonces, ¿en qué quedamos?

Señoría, deje de tomar lorazepam y vaya a almorzar. Y déjeme en paz a mí de paso.

LA MODERACIÓN EN EL COLOR DEL DOLOR

¿A qué huelen las nubes?

¿De qué color es la soledad? ¿El miedo? Y el dolor ¿de qué color es?

Habría que buscar en las paletas de Angélica López de Manzanara y de El Mundo de Anica, ilustradoras de postín.  Aunque lo único que nos garantizaría, oh tan musas como artistas, es que encontraríamos los colores de sus dolores, de sus soledades y de sus miedos.

Otra vez el mismo argumento de siempre. Cada uno tiene sus pesares y por más que haya habido artistas que se hayan acercado a expresar los suyos propios… pues eso, los suyos. Que yo sea capaz de verme reflejado en ellos no significa que ese sea  exactamente mi color. Lo mismo pasa con los poemas, con las canciones: “las vaquitas, ajenas son”. Bastante tengo con identificar y decir “ése es”, quizás repetido en mi vida pasada, por más que me sirvan de inspiración. Es una situación poco habitual pero jodé, facilita la tarea.

Me gustaría tener el suficiente arte como para pensar que voy a ser capaz de encontrar los tonos precisos de mis dolores. Creo recordar que no hay colores antagónicos, pero me la sopla: si encuentro los tonos de mis dolores, sabré encontrar los de mis alegrías con exquisita precisión. Si fuera capaz de buscar… ¡no!, de encontrar esos tonos y de saberlos neutralizar de alguna manera, moderándolos, o aunque sea trazando los caminos hacia el negro -ausencia de color- y hacia el blanco -la comunión de todos los colores- consiguiendo que esa moderación se convierta en caminos a seguir. Sin que se me impongan ritmos ni caminos. Que parece que nadie entiende que me puedo poner bravo, bien oscuro, por blues que esté, si se me intenta meter el dedo en el ojo. O si así me lo parece, carajo. Quizás sea mi modo de defender el resquicio de salida de ese sufrimiento.

Que les vayan dando a los que se creen que las penas tienen nombre de canción, o de título de libro o de poema. Sólo les concedo, como máximo, haber encontrado el tono de sus propias miserias. Que no es moco de pavo. Mi dolor tiene derechos de propiedad ¿intelectual? Copyright, para entendernos.

 

Para mis colegas de Gure Ahotsa, de Errenteria, a ver si les entran mejor las canciones del primer disco de Ciclonautas. Ya mismo están sacando el segundo.

Ciclonautas-1

Tremenda portada para “Bienvenidos a los muertos”:

Portada Bienvenidos a los muertos

 

procrastinar. (Del lat. procrastinare). 1. tr. Diferir, aplazar.

Tanto lío para esto. Aunque algo embrollado sí que está porque: “la RAE considera procrastinación inválido y, en cambio, indica la utilización de procrastinación. Se trata de la tendencia y el resultado de procrastinar, es decir, de demorar, retardar o retrasar algo”. (definicion.de).

procrastinación

Un verbo complicado de conjugar pero fácil de ejecutar. Dejar para mañana lo que te pueda generar disgusto y estrés. Antes lo urgente que lo importante, sobre todo si es menos desagradable de hacer.

¿Esto continúa con aquella entrada tan salada de los palabros? Pues puede que sí. Hago público que es tarea de mi psicólogo, que estoy convencido que se piensa que soy un diccionario de sinónimos. Es broma: nuestra historia promete. Él me suelta pedradas de este tipo y de mi cuenta está desentrañar y pensar en ello.

Supongo que en este caso debiera sacar mis propias conclusiones. Vuelve a mi cabeza aquello de que comunicamos no lo que queremos, sino lo que el interlocutor entiende.

Ahora, en este otoño tan veraniego que estamos teniendo -ya volará el grajo bajo “Me gusta la niebla, me gusta el frío”-, propongo dos canciones:

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-la última de Ciclonautas, con un vídeo espectacular: “Bienvenidos los muertos”

-¿Se me olvidó “Víspera de todos los santos”? Rock Suave.

PUES NO SE TE NOTA NADA…

Conversando

A lo largo de nuestra vida a partir del diagnóstico, que casi lo entrecomillo, y si nos hemos dejado llevar en algunos momentos, nuestro aspecto físico cambiará. ¿Tanto? No creo que sea tan grande el cambio como para hacernos irreconocibles. Pero aquí van algunas pistas recurrentes:

aumento de peso y de volumen. En este mundo esclavo de la imagen, veremos que a las pocas semanas de comenzar el tratamiento que sea, engordaremos. Sin paliativos. Estas drogas es lo que tienen. Te hinchas y punto. A veces este efecto secundario puede dar lugar a desórdenes alimenticios, con lo cual hemos matado una mosca con un cañonazo. Lo que es innegable es que nuestro aspecto físico cambia.

ojos: legañosos y con las pupilas dilatadas y/o a medio párpado. Bueno, en esto hay grados. No es tan fácil ser contundente en las afirmaciones: entraría la mirada y no la voy a valorar.

tics. La tienes clara si ya tenías un tic anterior porque se te multiplica. Si no tenías ninguno, en fácil que te lo encuentres en unos pocos días.

temblor de manos. Frecuente. Se suele pasar cuando se supone que tendrías que dejar de tomar esa medicación.

ansioso, impaciente. Sí, te muestras ansioso ante la comida, ante el tabaco si fumas…

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Una vez decía que es fácil reconocernos entre nosotros, que somos una especie de secta que con unas pocas señales sabemos encontrarnos.

¿Es esto bueno? ¿Facilita la vida de algún modo? Ni idea. Lo que está claro es que me revienta las pelotas que me digan “no se te nota nada” (en su momento me sorprendía más que otra cosa), como si me tuvieran que salir cuernos y rabo. O como si tuviera que estar ingresado en un psiquiátrico y verme fuera de él provocara sorpresa.

No es crueldad. Es un poco de humor irónico, sabiendo que me estoy riendo de mí mismo. Pero creo que dice mucho sobre la calidad de los fármacos que os atizamos sin decir “aquí me duele”.

¿TENGO TRASTORNO BIPOLAR? DIVERSIÓN Y SUFRIMIENTO

Estamos de celebración.

Mientras escribo esto, el blog habrá recibido 58.000 visitas. Gracias a todos por venir.

También la página facebook está a punto de llegar a los 400 “Me Gusta”, que no son los veinte millones de la de The Rolling Stones, pero es una respetable cifra.

Foto de Luis Zabalza

         Foto de Luis Zabalza

Como podéis ver, este año os habéis librado y no os he puesto la canción de Los Suaves “Víspera de Todos los Santos”. Era un día como otro… ¿dónde vas pobre loco? Dios se cansó de dar cuerda a mi vida…

Al ajo. ¿Tengo trastorno bipolar? Algún sabio escribió no sé qué de ser capaz de admitir sus propias dudas que tenía que ver con la inteligencia.

Al principio, cuando negaba el diagnóstico y me negaba a mí, afirmando un carácter que no era el mío, yo luchaba de forma diferente. La enfermedad de los afectos. La enfermedad del ombligo. La enfermedad, de entre todas las que he tenido o tengo, que más ha decidido el curso de mi vida. Presente en todas las decisiones importantes, cotizara alto o bajo en los mercados de mi credibilidad.

A día de hoy, reconocer el diagnóstico y llevar un determinado tipo de vida no me hace más sabio. Tampoco más consecuente. Ni quiero que el trastorno bipolar me dé excusas, tampoco razones. Me gustaría, como escribía el otro día, que por encima de todo esté mi propia personalidad, mi carácter. ¿Por encima? Al menos por delante.

Me gustaría que los demás, cuando vieran en mis ojos a la tristeza, se plantearan primero si tengo algún motivo en vez de pensar que lo que me pasa es directamente un síntoma. Otra vez. Y si me ven feliz, lo mismo. Pero cómo voy a culpar a nadie, si el primero que lo hace soy yo mismo.

Como decía Cristina en su blog “Estoy como una maraca”, el autoestigma es la capacidad que les damos a los demás de señalarnos. Si no es exacto, espero que me corrija.

Llega noviembre. El mes oscuro. También el mes creativo. Hace ya tres años que redacté el libro. Me quedaré otra vez a solas conmigo, dando patadas a los montones de hojas que se me acumulan en los resquicios de mis anhelos.